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jueves, 27 de agosto de 2009

FRUTO DEL AMOR?... 2ª PARTE

La blancura de las paredes le recordaba su nueva casa. Aquella con la que tanta ilusión sacó adelante, su hogar junto a su familia.

Las carreras por los pasillos,
_ Niños dejar de armar jaleo, este no es sitio para jugar.
_ Joooo!!...la abuela vieja nos ha dicho que podemos.
_ La abuelita está pachucha y no tiene ganas de ruidos.
_ Anda hija, llevatelos fuera, que corran y salten, al fin y al cabo son niños, necesitan jugar, ellos no entienden de tristezas.

Jesus se sentó junto a su madre, y la abrazó.
Ella con su mirada perdída iba recordando retazos de toda su vida junto a él.

La habitación en penumbra, como en tantas ocasiones, ella le esperaba, pero esta vez no regresaría. Allí postrado frente a ella...su amor, el amor de su vida, el que tanta felicidad le dió...yacía.
Su corazón cansado, se paró.
Fueron sesenta y dos años de felicidad. cincuenta y ocho de matrimonio, compartiendo su vida llena de alegrias, y momentos amargos, como todas las historias.
Pero esta era diferente, algo la hacía diferente.

Ella calló durante toda su vida un secreto, un gran secreto que hizo feliz a su esposo, tal vez de haberlo sabido ella no estuviera allí velandolo en esos momentos, pues en aquella época tal vez se la hubiera tachado de otra manera, y no de ser la víctima.

Jesus había hecho todo lo posible aquél dia por reanimar a su padre.
Es cirujano en un importante hospital, aunque eso no le sirvió de nada cuando quiso salvarle, pues fué demasiado fuerte el dolor...y se le fué la vida entre sus manos.

Para él, su padre era un ejemplo a seguir, era toda su admiración.
Le enseñó unos valores en la vida muy importantes, que siempre siguió. Era honrado...trabajador...cariñoso...todo lo que una persona debería de tener.

Maria recuerda aquel dia en que su hijo, les comunicó que quería ser médico.
Estaba poniendo la mesa, y recuerda como los vasos que llevaba en las manos, se le escurrieron sin poder remediarlo. Le vinieron recuerdos imborrables, que aunque se habían quedado escondidos en algun rincón...de pronto salieron a la luz.

Jesus era bastante alto, como su padre biológico, habia heredado su físico...pero no su corazón. El corazón la había heredado de su padre José. Si, aunque parezca mentira, así era, siguió su ejemplo toda su vida, alimentando sus enseñanzas, y así compartió esa humildad y saber estar.
Las facciones y los gestos eran de Maria, no había duda, arqueaba la ceja, siempre cuando algo no le convencía, o no le gustaba.

Se había casado con una compañera de facultad, fué un flechazo, y ya llevaban 34 años juntos, de ese matrimonio nacieron Lucía y Samuél.

Lucía de ventisiete años, peleaba con sus hijos, dos gemelos de cinco años que no dejaban parar nada.
Se había separado hacía un año...había sido una relación bastante tormentosa, y a pesar de que la separación era lo mejor para ella... la vida se le venía encima, pero siempre tenía la ayuda y el apoyo de su familia...que eran una piña siempre con ella.
Samuél de ventitrés años, vivía en Salamanca, allí cursaba sus estudios de ingeniería. Tenía una novia que había conocido allí.

Maria pensaba en aquellos tiempos en que José y ella veían imposible crear una familia, y ahora sentada allí, se daba cuenta de la familia que habían creado.
Se sentía acompañada siempre, nunca los dejaban solos cuando vivía su esposo, y ahora que él ya no estaba, no la dejarían sola jamás.

Su nuera Amalia era una hija para ella, mujer de gran corazón, que perdió a sus padres en un accidente de coche cuando ella aun era novia con Jesus, y la arroparon siempre para que no se sintiera sola.
Ella siendo una mujer agradecida, y siendo como era Maria, siempre tuvieron una confianza y un cariño muy especial.
Maria, a pesar del dolor que sentia por la falta de su esposo...se sentía feliz de ver lo que habían logrado en la vida.
De haber compartido toda su vida con ese gran hombre...y haber sabido inculcar ese amor a los demás...y a su hijo.

En esos momentos algo le pasó por la mente, y sin saber como...y después de tantos años, sintió que debía de dar las gracias a alguien...a pesar de haber tenido que vivír con ese secreto el resto de su vida.
De sus labios se deslizaron unas simples pero valiosas palabras.

Gracias Juan.






1 comentario:

  1. Pues me gusta mucho como termina la historia Xenia.

    un beso.

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El viento trajo hasta mi vuestras palabras.
Gracias por pararos a comentarme.